Crónica Cantabria.

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"Acusado de abuso hacia su sobrina justifica su accionar promovido por razones económicas, mientras ella confirma: fue un ritual"

Un hombre acusado de abusar sexualmente de su sobrina desde que tenía tres años ha negado los hechos durante el juicio en su contra. Alega que su relación con la menor era "normal" y que apenas la veía cuando venía de vacaciones a Cantabria. Además, afirma que sus padres apenas le permitían estar con ella o atenderla. El acusado sospecha que hay un motivo económico detrás de la denuncia, ya que considera que su hermano y su cuñada están obsesionados con la herencia y quieren apartarlo.

Por su parte, la víctima, que ahora tiene 19 años, ha ratificado las acusaciones, narrando a la sala distintos episodios en los que el acusado le realizaba tocamientos durante el baño o al cambiarle el pañal y el pijama. Según su testimonio, esto ocurría de manera repetitiva y llegó a introducirle los dedos en la vagina en el día de su comunión. La joven explicó que tardó en denunciar porque sentía vergüenza y no quería hacer daño a nadie, especialmente a su familia.

La víctima también mencionó que su tío le pedía que guardara silencio, diciéndole que era alguien "especial" y que no había nada malo en lo que hacía. También la amenazaba con consecuencias negativas para sus padres si ella hablaba.

En resumen, la víctima expresó que su vida está marcada por el miedo, los recuerdos y las preocupaciones.

El acusado se enfrenta a una pena de ocho años de prisión solicitada por el fiscal por el delito continuado de abuso sexual a menor de trece años con acceso carnal. Además, se solicita que indemnice a la víctima con 10.000 euros por los daños morales causados. La acusación particular, ejercida por la madre de la chica, pide doce años de prisión y 100.000 euros de indemnización. Mientras tanto, la defensa niega los hechos.

El acusado ha mencionado que su relación con su hermano, padre de la niña, siempre fue distante debido a la distancia y a que son muy diferentes entre sí. A pesar de ello, nunca tuvieron problemas y la llegada de la pequeña incluso acercó su relación, ya que solían coincidir en eventos y comidas familiares durante las vacaciones en Cantabria. El acusado negó tener un fuerte vínculo con la niña, a la que apenas había visto en ocasiones contadas y había estado en su casa solo unas pocas veces.

El acusado admitió saber de los problemas psicológicos de la niña, pero los atribuyó a situaciones de acoso escolar y justificó su ausencia en Cantabria porque sus padres tenían un apartamento en Barcelona y pasaban allí varios meses al año.

En cuanto a los presuntos abusos, el acusado negó haber bañado a la menor en su casa y también negó los tocamientos que supuestamente tuvieron lugar durante la comunión de la niña en Barcelona. Además, rechazó los tocamientos durante la comunión de su propio hijo.

El acusado señaló que la niña era atendida por sus progenitores y abuelos maternos, y el resto de la familia apenas podía tocarla. Por otro lado, el acusado se enteró de los hechos que se le acusan a través de su hijo y padre de la niña. Según su testimonio, le contaron que el acusado se había masturbado delante de ella y de su propio hijo mientras los bañaba. Sin embargo, la madre de la víctima considera esto "completamente imposible" ya que el tío y la sobrina nunca estuvieron a solas, y ella no hubiera permitido tal situación en su casa.

La víctima relató que los abusos comenzaron cuando tenía tres o cuatro años. Describió los tocamientos que su tío le realizaba mientras le ponía el pijama y le cambiaba el pañal, en los que el acusado empezaba por el pelo y bajaba hasta los genitales. También contó que en varias ocasiones la invitaba a su casa bajo la excusa de ducharse, pero en realidad era para abusar de ella. Además, recordó que durante su comunión, el acusado la llevó al apartamento de los abuelos y abusó de ella introduciéndole los dedos en la vagina.

La víctima también mencionó que su tío le daba besos en la boca, algo que a nadie de la familia le gustaba pero que era tolerado. A pesar de esto, los padres de la víctima nunca imaginaron lo que estaba ocurriendo.

La joven negó haber sufrido bullying, pero admitió tener migrañas y pesadillas. Además, debido al miedo que sentía, utilizó pañales por la noche hasta los ocho años. Solo pudo contar lo que le había sucedido a su tía y durante este proceso judicial.