• sábado 01 de octubre del 2022

El TSJC asegura mucho más de 18 años de prisión para un hombre por secuestro y hurto por una deuda de drogas

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SANTANDER, 12 Jul.

El Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) ha podido confirmar la condena de 18 años y 8 meses de prisión y multa de 1.440 euros impuesta a un hombre por raptar, hurtar en su vivienda y lesionar a un cliente al que había vendido hachís y que le debía 600 euros.

El TSJC desecha de esta forma el recurso de apelación planteado por el culpado contra la sentencia dictada el mes pasado de febrero por la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cantabria, que le consideró creador de los delitos de secuestro, hurto con crueldad, hurto de forma fuerte, lesiones leves y contra la integridad ética.

También le condenó por un delito contra la salud pública de substancias que no ocasionan grave daño en certamen con otro de defraudación de fluido eléctrico, en tanto que en el sitio donde radicaba llevaba a cabo una actividad de cultivo y tráfico de hachís y mariguana.

El TSJC asimismo ha desechado el recurso de otro hombre que fue culpado por la Audiencia de Cantabria por accionar al lado del previo en los hechos considerados secuestro y hurto de manera fuerte en el hogar habitada, y al que impuso una lástima de diez años de prisión.

La sentencia no es estable y contra ella se ha interpuesto recurso de casación que va a deber solucionar el Tribunal Supremo.

Las defensas de los dos condenados recurrieron en apelación la condena por el delito de secuestro que les impuso la Audiencia. En la situacion del hombre al que la víctima debía dinero, su recurso aducía que esta fue libremente a casa de aquel para charlar sobre la deuda que tenían.

Pero para el tribunal este radical resulta "inverosímil" pues "nada le impedía haber hablado con él" en el sitio donde se citaron y "zanjar la cuestión". Además, se pregunta por qué razón la víctima continuó tantas horas en la casa del acusado y de madrugada se presentó en la policía, descalzo, con lesiones y en un estado sensible coincidente con un hecho traumático. En este sentido, considera "apabullantes" las pruebas que corroboran la certeza del testimonio de la víctima.

También repudia otros 2 fundamentos aducidos por su defensa a fin de que fuera absuelto de los delitos contra la integridad ética y tráfico de drogas. Así, enseña que al secuestrado se le dio un "trato vil, humillante y envilecedor" que "menoscabó su integridad ética" puesto que "se le trató como a una cosa y no como a un individuo".

En cuanto al delito de drogas, ten en cuenta que los siete trozos de hachís encontrados pesaban 701,80 gramos, cantidad que "sobrepasa notoriamente" la que, según la jurisprudencia, puede considerarse acopio ordinario de un cliente de estas substancias.

En la situacion de otro culpado, su defensa recurrió la condena por secuestro en tanto que, según argumentó, actuó como intercesor a fin de que la víctima entregase el dinero que debía al otro acusado, y que en ningún instante le privó de independencia ni efectuó trabajos de supervisión.

Sin embargo, el TSJC cree que su actuación sí se enmarca en el delito de secuestro, por cuanto concurre privación de independencia, y existía como condición el pago de la deuda.

Así, en el momento en que el otro acusado llegó con la víctima, este "comprobó" el estado en que aquella estaba, "con lesiones en distintas unas partes del cuerpo, sin zapatos, angustiado y privado de independencia". "Siendo consciente de la situación, toma participación activa en los hechos en defensa de los intereses de tipo económico de su amigo", apunta la sentencia del TSJC.

Según cuenta la sentencia, la víctima tenía una deuda de 600 euros con el primordial acusado, quien decidió hallar el dinero por la fuerza. Así, en verano de 2022 se citó con su cliente en un espacio al que llegó en vehículo acompañado de otras 2 personas y le demandó el pago inmediato del doble de la deuda, o sea, 1.200 euros.

Al manifestar el otro hombre que no los tenía y que esperara unos días para el pago, el acusado le dio una bofetada y le ingresó por la fuerza en el vehículo, ayudado por uno de sus acompañantes. En el camino, el acusado y las otras 2 personas "hirieron reiteradamente con distintos golpes" en la cara de la víctima.

Al llegar a un inmueble descuidado donde el acusado radicaba, le introdujeron en una habitación, le sentaron en un taburete, le anudaron las manos con una cuerda y le demandaron que se quitara los zapatos, que lanzaron por la ventana.

"Tras ofrecerle bofetadas, le requirieron a fin de que les diese las llaves del hogar en el que radicaba y su teléfono, arrebatándoselas de esta manera", señala la resolución.

Luego, le demandaron que les afirmara dónde vivía y le dejaron llevar a cabo tres llamadas telefónicas "a fin de que lograra el dinero solicitado de manera inmediata", lo que el hombre logró, pero no logró.

Después, le conminaron "con cortarle los dedos de las manos con un alicate que esgrimían, tal como con un machete" y asimismo "le azuzaron un perro, todo ello con la intención de conseguir de manera inmediata el dinero demandado".

Al no conseguir el dinero, le llevaron a otro sitio, obligándole a caminar con los pies atados y empujándole por una escalera, con lo que padeció "un fuerte golpe al caer por ésta, perdiendo por un momento el saber". Tras recobrarlo, fue movido a una casa anexa donde estaba el otro acusado.

Allí, los dos introdujeron al hombre "en un habitáculo pequeño que aparecía una vez retirado el sofá, de precisamente un metro de altura y otro metro de hondura, en el que no cabía mucho más que en cuclillas".

Mientras estaba en ese sitio, el hombre "fue humillado y conminado de distintas formas" por el primer acusado y sus acompañantes, "sin que conste la intervención" del segundo en estos sucesos.

Entre esas vejaciones, la sentencia cuenta que le lanzaron un cubo de agua fría por arriba, le midieron manifestando que iban a cavar su tumba, le echaron gasolina por la ropa y le aproximaron un encendedor, simularon estrangularle con un palo de hockey, y le pusieron una toalla mojada en la cara mientras que se encontraba atado y tumbado.

Finalmente, el primordial acusado y sus acompañantes lograron que su víctima les diese la dirección de su hogar y el pin de su móvil.

Acto seguido, el segundo de los condenados acompañado de otra persona se desplazó al hogar de la víctima, donde se hicieron con múltiples joyas y gadgets electrónicos, al paso que revolvieron toda la vivienda y provocaron varios daños, tasados en 8.400 euros.

A su regreso, interpelaron al hombre a fin de que les diese sus claves bancarias, puesto que habían logrado la libreta del banco de aquel en la vivienda donde habían perpetrado el hurto.

Finalmente, dejaron al hombre encerrado en el habitáculo usado como zulo poniendo enfrente un sofá, pero, al carecer de supervisión, éste logró de madrugada abrir la puerta y huír descalzo hasta llegar a la Jefatura Superior de Policía, donde presentó una demanda.

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