La Cultura da el primer paso para proteger el Convento de San Ildefonso en Ajo como Bien de Interés Local.
El Gobierno de Cantabria ha dado un paso significativo en la preservación del legado cultural de la región al iniciar el proceso para declarar el Convento de San Ildefonso de Ajo, ubicado en Bareyo, como Bien de Interés Local bajo la categoría de monumento.
La decisión fue oficializada el 19 de diciembre pasado y lleva la firma de Eva Guillermina Fernández, directora general de Cultura del Gobierno regional. Posteriormente, fue publicada en el Boletín Oficial de Cantabria y, de manera reciente, también en el Boletín Oficial del Estado.
La resolución llega tras la recomendación positiva de la Comisión Técnica de Patrimonio Edificado, que analizó y consideró valioso iniciar este proceso de protección patrimonial, tal y como revela información recogida por Europa Press.
Este convento, que se erigió en el siglo XVI, es un importante hito histórico ubicado en el Barrio de Camino de Ajo. Fundado por Alonso de Camino y Carrera, diplomático y capitán al servicio de Felipe II, el convento refleja la influencia arquitectónica del periodo, siendo diseñado por Diego de Sisniega, un prestigioso arquitecto que trabajó en El Escorial, bajo la dirección de Juan de Herrera.
El proyecto de construcción fue una empresa monumental que involucró a varios artesanos talentosos, como Pedro de Navedo y Juan de San Juan en la cantería. La obra maestra del retablo fue realizada por Rodrigo de los Corrales Isla, y la estatua del fundador fue esculpida por el burgalés Pedro Gómez. El coste total de la edificación ascendió a 44.000 ducados, una suma considerable para la época.
En 1588, el convento pasó a ser administrado por los Carmelitas Descalzos, aunque su presencia fue efímera, ya que poco después fue cedido a la orden de los dominicos, quienes permanecieron hasta 1835. Durante su gestión, el convento expandió su riqueza con propiedades y molinos, y estableció una hospedería para peregrinos en 1756.
A lo largo de su historia, el lugar se vio afectado por procesos de desamortización, siendo la primera en 1820 durante el Trienio Liberal. Aunque los frailes recuperaron su estatus en 1823, la comunidad abandonó el convento definitivamente en agosto de 1835, tras la desamortización de Mendizábal.
El Estado se quedó con las propiedades, incluidos bienes valiosos como libros, ornamentos sagrados y la hospedería. En 1849, el convento fue subastado, pero un grupo de vecinos preocupados por su posible demolición decidió comprarlo, salvándolo de la destrucción.
El último religioso que habitó el convento fue el Padre Apolinar, quien dejó una huella literaria en la obra 'Sotileza' de José María de Pereda. Actualmente, la iglesia se mantiene en pie, gracias a la restauración de 1971, aunque ha perdido algunos elementos decorativos de su interior. La estructura del convento, como el claustro y las celdas, aún se conservan, aunque despojadas de su cobertura original.
Con la publicación de la resolución en los boletines oficiales, se implementará de inmediato el régimen de protección conforme a la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria, asegurando así que este monumento reciba la atención y cuidado que merece.
Por último, es importante señalar que se permite la interposición de recursos administrativos durante un mes ante el consejero de Cultura, Luis Martínez Abad, lo que garantiza el derecho de los ciudadanos a participar en este proceso de conservación.
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