Crónica Cantabria.

Crónica Cantabria.

La Policía señala que el sospechoso en el asesinato de su casera mostraba una sorprendente calma a pesar de los hechos

La Policía señala que el sospechoso en el asesinato de su casera mostraba una sorprendente calma a pesar de los hechos

El hombre alegó a los agentes que "no aguantaba más" y que estaba "harto de la mujer", a la que hallaron con "un trapo en la boca".

SANTANDER, 7 Nov. - Los agentes de la Policía Nacional que acudieron en la madrugada del 18 de febrero de 2022 al domicilio de la calle Marqués de la Hermida de Santander donde falleció una mujer encontraron al acusado de haberla matado "bastante tranquilo para lo que había pasado".

Así lo han dicho este martes al testificar en el juicio con jurado contra el procesado por el asesinato de su casera, que había llamado a emergencias porque su compañero de piso la tenía "retenida, atada de pies y manos, amordazada y amenazada", alertando de que "la iban a matar".

De hecho, al acceder a la vivienda, los efectivos encontraron a la víctima tumbada sobre su cama, atada de pies y manos con tiras de sábanas y, también, con un trapo o trozo de tela "en la boca", -"por el cuello, delante de la cara"-, con la cabeza girada y la cara "amoratada y violentada", aparentemente ya "sin signos de vida".

Los policías que custodiaron al encausado, de 39 años y que se enfrenta a 20 de cárcel que pide el fiscal -las hijas de la finada reclaman prisión permanente revisable-, han relatado que les manifestó que "lo había hecho" (sin especificar qué) porque la mujer le "molestaba" y estaba "harto de ella" y de "la situación" (convivencia).

"Ya no aguantaba más", expresó a los agentes, a los que indicó a continuación: "Ya me podéis llevar". En ese momento, han coincidido en que estaba "normal". "No le vi alterado ni agresivo, ni nervioso ni descontrolado", ha apuntado uno de ellos. "Si me pongo en el contexto de lo que había pasado, no estaba tan nervioso para que hubiera hecho semejante cosa", ha remachado otro.

En la segunda sesión de la vista, que se celebra esa semana en la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cantabria, han comparecido como testigos cuatro policías, los primeros que acudieron al lugar de los hechos y la funcionaria del Cuerpo encargada de la inspección ocular esa madrugada.

Esta última observó en la habitación del procesado -que contaba con varios antecedentes penales, algunos por violencia de género y doméstica- llaves del domicilio, paquetes de tabaco, colillas y distintos elementos empleados en el consumo de drogas (cuchara "deteriorada para quemar sustancias", pipeta para fumar, papel de plata o amoniaco).

Y además, una sábana recortada y trozos de la misma, como los que también había en la habitación de la víctima, que tenía 69 años, y donde esta agente apreció restos de "sustancias rojizas", que parecían sangre, sobre la colcha de la cama, en la manta y asimismo en las tiras empleadas para las ataduras que tenía sobre la boca y que habían sido retiradas para recibir asistencia sanitaria. También presentaba ataduras en manos y piernas -en las extremidades inferiores conservaba dos, independientes entre sí y con doble nudo-.

Algunas habían sido cortadas igualmente por los efectivos sanitarios movilizados para intentar reanimar a la víctima, pero las que conservaba puestas "estaban fuertes", según comprobó esta testigo, que observó que el teléfono móvil de la víctima estaba "a su lado".

En su habitación había "desorden" y estaba todo "un poco revuelto" sobre la cama, ha indicado esta agente, para señalar que el cuerpo de la mujer se hallaba ya sobre el suelo, donde recibió la asistencia médica. En la inspección contempló erosiones alrededor de la boca, un corte en el labio inferior y varios hematomas, en el párpado de un ojo, en el dorso de una mano y en un costado.

En el resto de la vivienda no apreció "nada reseñable", salvo una navaja de 9 centímetros de hoja que estaba en una mesa en el pasillo y que el sospechoso habría utilizado para cortar los trozos de sábana, según declaró en el interrogatorio.

Tampoco observó "ningún desperfecto" en la puerta de entrada a la vivienda, que estaba cerrada solo con el resbalón pero no con llave, y que fue abierta por los bomberos requeridos por los policías.

Estos últimos han relatado que es personaron en el lugar de los hechos requeridos de la Sala del 091, tras el avisó de la víctima al 112 (sobre las 2.40 horas, según el escrito del ministerio público=. Acerca de esa llamada, uno de los agentes ha expresado que era "un poco rara", en el sentido de que la alerta la realizaba una persona que decía estar "amordazada".

En cualquier caso, una vez en el piso, llamaron a la puerta "varias veces" y dieron voces también de manera insistente, según han coincidido. Pero no escucharon "nada" y había "total silencio". Así, a la espera de una respuesta, contactaron con la vecina de al lado para ver si desde el piso contiguo podían acceder al domicilio, posibilidad que descartaron por el riesgo de caída.

Entre tanto, al arrimarse a la puerta, pudieron escuchar "algo", un "leve ruido", como si fuesen "pisadas", que evidenciaba que había alguien dentro del piso. En consecuencia, contactaron con los bomberos, que se desplazaron al lugar -tardaron un cuarto de hora o unos veinte minutos, "incluso algo más", según los agentes-, abrieron la puerta y accedieron en la casa, que estaba "a oscuras".

Una vez dentro, vieron al inquilino de pie al fondo del pasillo, y le introdujeron en su habitación, que era "un desastre. Había absolutamente de todo", ha resumido un policía. En el dormitorio de enfrente, que estaba iluminado, se encontraba la mujer, atada de pies y manos y tumbada sobre la cama, amoratada y sin moverse ni signos de vida, por lo que llamaron para pedir una ambulancia.

Primero llegó una de soporte vital básico y luego una UVI móvil, y aunque los efectivos intentaron reanimar a la víctima, no pudieron hacer nada por salvar su vida.

La Fiscalía considera los hechos constitutivos de un delito de asesinato y también reclama al procesado, en prisión provisional desde lo ocurrido, una indemnización de 85.200 euros a dos de las hijas de la fallecida, que elevan dicha petición a 110.760 euros.

La defensa argumenta que el acusado ató a la víctima para "consumir droga y después desatarla", y explica que la tapó la boca para que "no gritara y no la oyeran" los agentes. Califica lo sucedido como un homicidio con la concurrencia de la eximente incompleta de alteración psíquica y/o la atenuante de drogadicción.

El juicio continuará este jueves con la declaración de los forenses y peritos.