• viernes 07 de octubre del 2022

Los cantabrios han seguido respirando aire contaminado en 2021, más allá de la pandemia, según EA

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SANTANDER, 27 Jun.

La población de Cantabria siguió respirando aire contaminado el año pasado más allá de la pandemia, según el 'Informe estatal de calidad del aire 2021' de Ecologistas en Acción (EA).

Como en 2020, la reducción de la movilidad por la crisis de la Covid-19 ha causado una "optimización general sin precedentes" de la calidad del aire, más allá de que, "los 600.000 cantabrios han seguido respirando aire contaminado", indicó la capacitación en un aviso.

El informe elaborado por EA examina los datos recogidos en 800 estaciones oficiales de medición instaladas en todo el Estado español, entre ellas 12 ubicadas en Cantabria.

Entre sus primordiales conclusiones, resaltan que a lo largo de 2021 la calidad del aire en España y Cantabria mantuvo la "optimización importante" ahora observada a lo largo de 2020, con una reducción "destacable" de los escenarios de dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2) y ozono troposférico, y mucho más matizada de los de partículas en suspensión (PM10 y PM2,5), en sus mínimos de la última década.

El informe toma como referencia los nuevos valores máximos de polución sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la meta en un largo plazo para resguardar la vegetación de la Unión Europea. De acuerdo a esos escenarios, el aire contaminado afectó en 2021 a la integridad de la población cantabria. En cambio, por la caída del ozono, el territorio cantabrio no padeció polución que dañara la vegetación.

Atendiendo a los estándares de la normativa, mucho más laxos que las sugerencias de la OMS, no habría población que respiró aire contaminado ni área expuesta a escenarios de polución que dañan la vegetación, sobre los límites legales. Si bien los escenarios de partículas PM10 y SO2 se acercaron a los límites legales en la estación del Puerto de Santander, lo que puede perjudicar a las áreas residenciales próximas.

La seguridad atmosférica vernal activó los capítulos de polución por partículas, en su mayor parte procedentes del norte de África. El invierno, en cambio, resultó desequilibrado y húmedo, favoreciendo la dispersión y deposición de los contaminantes propios de esta estación (NO2 y partículas). El parcialmente moderado calor estival contribuyó al descenso del ozono, más allá de la intensa ola de calor de mediados de agosto.

Los causantes fundamentales para argumentar la mejora de la calidad del aire a lo largo de 2021 son la restricción general de la movilidad y la contracción económica derivadas de las medidas adoptadas para batallar la Covid-19.

Las partículas (PM10 y PM2,5) y el dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire prosiguieron afectando a la integridad de la población cantabria. Los escenarios de ozono fueron los mucho más bajos del Estado, al lado de los de Asturias, Canarias y Galicia, más allá de que todas y cada una de las estaciones de las ciudades de Santander y Torrelavega excedieron las novedosas sugerencias de la OMS para el NO2.

Para EA, la polución del aire debería abordarse como un inconveniente de primer orden ya que todos los años se registran hasta 30.000 muertes prematuras en España por dolencias derivadas de la polución del aire, con lo que la optimización de la situación en 2021 es "una increíble novedad" para el colectivo.

Por otra sección, EA ten en cuenta que los Planes de Mejora de la Calidad del Aire son obligatorios según la legislación vigente, pero, habitualmente no hay y en otros son inefectivos por carecer de intención política. En este sentido, denunciado que el Ayuntamiento de Santander "no tiene un protocolo en frente de capítulos de polución como los que periódicamente afectan a la localidad en ocasiones meteorológicas equilibrados".

Además, ten en cuenta que la Ley de Cambio Climático ordena a que todas y cada una de las ciudades de sobra de 50.000 pobladores tengan zonas de bajas emisiones antes de 2023. Sin embargo, apunta que las ciudades cántabras no están declarando estas zonas "más allá de los rebosantes fondos públicos que reiben para su implantación".

"La crisis sanitaria de la Covid-19 demostró que la reducción del tráfico tiene claros efectos en la optimización de la calidad del aire que respiramos, en las ciudades y en las áreas despobladas. No obstante, el repunte en los últimos meses de la polución del aire en las enormes urbes es un rastro alarmante de que no aprendido lo bastante", concluye el informe.

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