• martes 7 de febrero del 2023

Ocho años de prisión por atacar sexualmente a la hija de su pareja y multa para la madre por no socorrerla

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La mujer va a deber abonar 2.160 euros por omisión si bien no se le asigna el delito de agresión sexual como solicitaban las acusaciones

SANTANDER, diez Ene.

La Audiencia Provincial de Cantabria ha culpado a ocho años de prisión a un hombre por atacar sexualmente a la hija de su pareja, tal como a la madre de la joven al pago de una multa de 2.160 euros por presenciar lo ocurrido y no realizar nada por evitarlo.

En una sentencia notificada el día de hoy y contra la que cabe recurso de apelación frente a la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, la Sección Primera de la Audiencia Provincial considera al hombre creador de un delito de agresión sexual y a la mujer de otro de omisión del deber de evitar delitos.

Además, al hombre se le ha impuesto una medida de independencia observada a lo largo de cinco años, se le ha inhabilitado para profesión u trabajo que conlleve contacto con menores a lo largo de 13 años y se le ha contraindicado arrimarse o hacer llegar a lo largo de diez años con la joven, a la que debe indemnizar con 12.000 euros.

La resolución considera demostrado que los 2 acusados y la hija de la mujer, de 21 años y que terminaba de llegar a Santander para pasar unos días con su madre, estaban en la habitación de un hotel en el momento en que la muchacha se comenzó a localizar mal, con lo que se tumbó en cama y "se quedó amodorrada".

Fue entonces en el momento en que el hombre aprovechó "para tumbarse en cama, donde la desnudó de cintura para abajo, le quitó las bragas y los zapatos, y mientras que ella oponía resistencia a ser penetrada, le empujaba y le afirmaba que deseaba irse, logró penetrarla vaginalmente".

La sentencia añade que, "mientras que se desarrollaba la relación íntima inconsentida", entró en la habitación la madre, "sin que hiciese nada para evitar que exactamente la misma continuara". Tiempo después, la joven "logró librarse del acusado y abandonó la habitación, de la que salió corriendo, sin otra prenda encima que un vestido corto, sin lencería y descalza".

Pidió contribuye a unos vecinos del inmueble y en el momento en que llegó la policía fue trasladada al hospital, "dado el estado de shock, pavor y ansiedad que presentaba".

El tribunal ha considerado probados los hechos basado en las pruebas practicadas en el juicio. Entre ellas, el relato de la joven, que ve "sincero, sin modificación importante en lo que se refiere a los hechos nucleares acontecidos".

"No apreciamos ninguna razón subjetiva que prive a su relato de certeza", puesto que no están "móviles inteligentes derivados de relaciones precedentes entre ellos que tengan la posibilidad de llevar a cabo sospechar que ella tiene un deseo de ocasionar un perjuicio al compañero sentimental de su madre, al que termina de entender", y tampoco "móviles inteligentes económicos, ya que los acusados carecen de aptitud económica importante".

Por otro lado, los testimonios de los agentes de policía y los vecinos que les informaron corroboran que la joven "salió de la habitación del hotel en medio de una noche en shock, aterrorizada, descalza y sin ropa de abrigo, más allá de estar lloviendo bastante".

Esos vecinos apuntaron en el juicio, festejado el pasado 30 de noviembre y 1 de diciembre, que la chavala "tocó fuertemente la puerta y les despertó, chillaba que le deseaban matar y les solicitaba con insistencia que le dejaran ingresar en su casa", con una "voz de pavor, terror y temor".

Frente a estos testimonios, el juez apunta que "no son creíbles" las manifestaciones del acusado en el juicio, donde apuntó que la relación fue permitida y que hubo sexo oral, pero sin penetración ni eyaculación. La Sala comprende que la intención de esa versión era "de forma exclusiva protectora", tras entender que los reportes periciales forenses no lanzaban restos de semen en la vagina, solo ADN del acusado.

A juicio de la Audiencia, el estado de shock que presentaba la joven, "coincidente con haber sufrido un hecho traumático", corrobora que "no hubo, como mantiene el procesado instantaneamente del juicio, sencillos toqueteos, besos, abrazos y sexo oral permitido" ya que, además de esto, "presentaba lesiones compatibles con una penetración vaginal obligada en oposición a su intención", así como se proviene de la prueba pericial.

En cuanto a la madre, mantiene la sentencia que "engaña en el momento en que asegura haber visto una relación de sexo oral, en el momento en que tenía que ver con un ingreso vaginal", y resalta "una total indiferencia frente a lo sucedido a la hija" en el momento en que fue preguntada por los agentes de la policía.

"La única persona que podía intervenir era la pareja del atacante, quien podía persuadirle a fin de que dejase a su hija, sin peligro propio o extraño, ya que no estaba bajo la predominación de drogas ni alcohol, ni adoptó una actitud beligerante", apunta la resolución.

Insisten los jueces en que "tenía la obligación de intervenir", pero su reacción "fue de pasibilidad absoluta; no logró nada a pesar de que su hija le rogaba que le ayudara; no convenció a su compañero para evitar que prosiguiera ingresando a su hija; tampoco la consoló, ni se interesó por ella".

Su pareja "se encontraba cometiendo un delito contra la independencia sexual de su hija mayor de edad y en el momento en que entró en la habitación no logró nada para evitar que el delito se prosiguiese cometiendo".

Por ello, el tribunal cree que es autora de un delito de omisión del deber de evitar delitos, no de esta manera de uno de agresión sexual por omisión, como plantearon la Fiscalía y la acusación especial.

En este sentido apunta que la procesada "ha de ser exculpada" de ese delito, ya que "no era garante de su hija, que era mayor de edad, ni su acción puede ser encuadrada en la autoría o cooperación precisa en comisión por omisión, ya que no se encontraba que se encuentra en la habitación en el momento en que se comenzaron las relaciones íntimas inconsentidas".

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