Qué hay detrás de la transmisión aérea en edificios antiguos y su impacto en salud pública
Un brote de COVID-19 en 2020 en un edificio de Santander evidenció cómo los sistemas de ventilación compartidos pueden facilitar la propagación de enfermedades respiratorias. Nueve residentes en apartamentos apilados verticalmente contrajeron el virus, a pesar de seguir las medidas habituales de distanciamiento y uso de mascarillas. La investigación detectó que los conductos de los baños, que utilizan efecto chimenea, permitieron el traslado de aerosoles infecciosos entre viviendas.
El estudio, realizado por instituciones de Estados Unidos, Canadá y España, revela que los sistemas de ventilación antiguos en edificios de varias décadas pueden suponer un riesgo sanitario. La presión del aire puede invertir su dirección en condiciones climáticas adversas, aspirando aire contaminado de un apartamento a otro. Esto plantea un desafío para las normativas de construcción y salud pública en muchas ciudades con edificios antiguos.
Este hallazgo tiene importantes implicaciones para la gestión de riesgos en viviendas colectivas y en la actualización de normativas. La propagación a través de conductos compartidos no solo afecta a COVID-19, sino potencialmente a otros virus y agentes patógenos. La recomendación de expertos incluye mejorar la ventilación y reducir la recirculación del aire en espacios con sistemas antiguos, además de instalar purificadores de alta calidad.
Desde una perspectiva política, el estudio pone sobre la mesa la necesidad de actualizar los códigos de construcción y las regulaciones sanitarias. La Administración española y autonómica enfrentan el reto de gestionar edificios de gran antigüedad, muchos de los cuales aún conservan estos sistemas, sin requisitos claros para su modernización. La inversión en infraestructura sanitaria y en la mejora del bienestar en viviendas colectivas puede prevenir futuros brotes.
En un contexto más amplio, la investigación subraya cómo la interacción entre arquitectura, clima y salud pública requiere un enfoque multidisciplinar. La pandemia ha puesto de manifiesto vulnerabilidades estructurales en el entramado urbano, que deben abordarse con políticas integrales. La modernización de los edificios antiguos es clave para reducir riesgos y proteger a la población en un escenario de cambio climático y posibles futuras pandemias.