Qué revela el ADN de El Mirón y Chufín sobre las poblaciones de hace 30.000 años
Nuevo estudio con datos de El Mirón y Chufín revela contactos genéticos entre poblaciones de Europa occidental y oriental hace más de 30.000 años.
Un equipo internacional liderado por Pere Gelabert, de la Universidad de Viena, con participación de la Universidad de Cantabria, ha publicado en Science Advances nuevas evidencias sobre la historia genética de los pobladores de la región franco-cantábrica entre hace unos 30.000 y 20.000 años. Las cuevas cántabras de El Mirón, en Ramales de la Victoria, y Chufín, en Rionansa, han sido fuente de muestras clave para el estudio.
El trabajo aporta datos sobre la persistencia de determinados linajes genéticos en el suroeste de Europa, que convivieron con contactos entre grupos de distintas regiones del continente durante el Paleolítico superior. La investigación incorpora datos genómicos de El Mirón y de un diente humano hallado en Chufín, además de restos de la cueva de Isturitz, en Francia, y de otros yacimientos europeos.
Uno de los hallazgos más singulares procede de El Mirón. Los investigadores han recuperado ADN nuclear humano de sedimentos con unos 22.000 años de antigüedad, correspondientes al Solutrense, sin disponer de restos óseos. Según explica David Cuenca-Solana, en el nivel 122, asociado a un periodo de máximo frío, las evidencias genéticas muestran continuidad en las poblaciones que habitaron la región cantábrica hace unos 22.000 años. Igor Gutiérrez-Zugasti, responsable del grupo BioPrehistory, subraya que este método permite estudiar ocupaciones de las que no se conservan huesos ni dientes, a partir de fluidos y material biológico depositados en el yacimiento.
El diente de Chufín, un primer molar de una mujer que vivió hace unos 27.000 años durante el Gravetiense, fue recuperado en las excavaciones de 2021 dirigidas por Diego Gárate, del grupo PreGraphity. Aunque la degradación del material genético ha limitado la información obtenida, los resultados la vinculan con poblaciones de ascendencia occidental y ofrecen una nueva referencia para estudiar la continuidad genética en Cantabria.
El hallazgo de mayor alcance, según los autores, es la detección de intercambio genético entre poblaciones del este y el oeste de Europa hace más de 30.000 años. El análisis del genoma de una mujer de la cueva de Isturitz, datada en torno a hace 30.000 años, muestra que, pese a una ascendencia mayoritariamente occidental, presenta componentes vinculados a grupos de Europa central y oriental. Los modelos sitúan ese contacto entre hace 32.500 y 31.500 años. Gutiérrez-Zugasti destaca que es la primera vez que se documenta en el suroeste europeo una interacción genética con grupos del este del continente.
El estudio cuestiona la idea de que los grupos gravetienses orientales y occidentales permanecieran completamente aislados. También sugiere que la continuidad de linajes en la región cantábrica durante miles de años no excluye relaciones con otras comunidades europeas. En el trabajo ha participado además el grupo EvoAdapta de la UC, que ha aportado la contextualización arqueológica de Isturitz, El Mirón y La Riera, apoyada en el proyecto europeo ERC SUBSILIENCE.
Las excavaciones en Chufín y El Mirón están financiadas por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria. Más allá del resultado científico, el caso refuerza el papel de la comunidad como territorio clave para la investigación sobre el poblamiento humano de Europa. Los autores plantean que el análisis de sedimentos abre nuevas vías para estudiar yacimientos sin restos óseos, lo que podría ampliar significativamente el mapa de ocupaciones prehistóricas en la región en los próximos años.